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El carrilet y la guerra

Via verda del Carrilet II. Girona, Cassà de la Selva, Llagostera, Santa Cristina d'Aro, Sant Feliu de Guíxols

Confiscación, revolución y depuraciones en el ferrocarril de Sant Feliu de Guíxols (1936-1939)

El ferrocarril de Sant Feliu de Guíxols a Girona fue puesto en servicio en 1892. Se trataba de una iniciativa privada, como casi todos los ferrocarriles que se construyeron en Catalunya. Sus promotores fueron los comerciantes y los industriales de Sant Feliu, en un momento en el que el negocio de la recolección y transformación del corcho les hacía ganar mucho dinero.

Durante un tiempo, el pequeño ferrocarril, de 39 kilómetros de longitud, sirvió a los intereses económicos y sociales de las comarcas que atravesaba. Muy pronto, así que los transportes por carretera mejoraron sus capacidades, le hicieron una competencia feroz que le amenazaba con hacerlo desaparecer. Pero los problemas no le venían solo de la carretera. La inestabilidad política y social se traducía en un conflicto permanente entre los trabajadores y los patrones de la empresa del ferrocarril.

Dificultad Mínima

Transporte Pie o en bicicleta

Tipo de secreto Paisaje industrial

1 i 2. Despedida en la estación de Sant Feliu de Guíxols de los militantes del frente de Aragón, después de la colectivización de la compañia (1936). AMSFG. 3. Barrera paso a nivell a Santa Cristina d’Aro. AMSFG. 4. Grupo de trabajadores descargando grava (Girona, 1935). Fons Salvador Crescenti Miró. CRDI. 5. Dos hombres en una locomotora en Girona (1920). Col·lecció l’Abans de Girona. CRDI.

 

Los acontecimientos que tenían lugar en la vida política española, llevados al paroxismo por la revuelta de los militares fascistas del 18 de julio de 1936, que inició el triste y sangriento periodo de la Guerra Civil, tuvieron un reflejo inmediato, agudo y decisivo en la compañía del tren de Sant Feliu.

El 23 de julio, el alcalde de Sant Feliu, Francesc Campà, confiscó el ferrocarril en nombre del Estado y desposeyó a los legítimos titulares para traspasar la gestión a los obreros. Los obreros se organizaron en comités que, por un lado, mantenían contactos con los comités de otras empresas confiscadas en la ciudad de Sant Feliu y, por otro, también con los comités de las otras empresas ferroviarias confiscadas en todo el bando republicano.

Sin embargo, la gestión obrera del ferrocarril topó muy pronto con muchos contratiempos que dificultaron la buena marcha del tren. La falta de carbón y de recambios, la falta de dinero para pagar los gastos de explotación —agravada por la decisión, que tomaron los sindicatos ferroviarios, de subir el sueldo de todos los agentes— y el libertinaje de los viajeros, que a menudo no pagaban el viaje o el transporte de mercancías, llevaron la empresa colectivizada a una situación de extrema precariedad. Hay que añadirle los trabajadores que tuvieron que ir al frente, sin que se les pudiera sustituir. A pesar de todo, el tren funcionó hasta el 25 de enero de 1939, pocos días antes de que el ejército nacional ocupara Girona y Sant Feliu.

Acabada la guerra, los que se habían pasado al bando nacional, una vez regresaron a Sant Feliu, pasaron cuentas con los que consideraban responsables de haberles arrebatado la compañía del ferrocarril. Juzgaron la conducta de todos los trabajadores de la plantilla, que concluyó con la depuración de treinta y nueve del centenar de personas que trabajaban en ella. Diecinueve trabajadores fueron expulsados definitivamente y siete, además, denunciados. Entre los denunciados, uno murió en prisión, otro fue puesto en libertad sin cargos y cinco fueron condenados en consejo de guerra sumarísimo a doce años y un día de prisión. Durante la primavera de 1939, la compañía incorporó a una veintena de nuevos trabajadores, contratados entre los «de probada honradez y solvencia moral, adicto[s] al actual régimen y sin antecedentes de ninguna clase».

Estación de Girona

Las estaciones de Girona acogían trenes que provenían de los cuatro puntos cardinales. En ella efectuaban parada los que venían de Olot, los que venían de Barcelona y de Francia, y los que venían de Sant Feliu. También había talleres y depósitos de locomotoras. Como era un nudo de comunicaciones, y un centro metalúrgico donde se podían fabricar o arreglar armas, el complejo de la estación se convirtió en un objetivo de las incursiones aéreas de la aviación fascista. Así, el 1 de febrero de 1939 los bombarderos que provenían de Mallorca dejaron caer su carga explosiva sobre las instalaciones ferroviarias. Aun así, debido a la poca precisión de los artilleros, las bombas no dañaron el ferrocarril, sino diferentes inmuebles próximos a la plaza del Carril (hoy, del Poeta Marquina) y a la carretera de Barcelona, especialmente, el edificio de las Hermanitas de los Pobres, con el resultado de una docena de personas muertas.

Estación de Cassà

La ciudad de Sant Feliu de Guíxols, por su característica portuaria y revolucionaria, vivió el episodio de la Guerra Civil con una especial intensidad. Para sustraerse de las diferentes violencias que sufría la ciudad, en octubre de 1937, el comité obrero que gestionaba el ferrocarril decidió trasladar la sede social a Cassà de la Selva.

Los obreros habían confiado en el antiguo secretario de la compañía, Josep M. Saura, para que llevara la administración del tren. Saura, que había sido alcalde de Sant Feliu por la Liga Regionalista durante el Bienio Negro, fue encarcelado por las milicias antifascistas en octubre de 1936 y, posteriormente, liberado por los ferroviarios. No se conocen los motivos que llevaron a Saura a colaborar con el comité. El hecho es que su papel, decisivo en la custodia y salvaguarda de la documentación de la compañía del ferrocarril durante el periodo colectivizador, cuando las oficinas se trasladaron a Cassà, le costó la expulsión del trabajo, una vez acabada la guerra, y el hecho de tenerse que enfrentar a un consejo de guerra sumarísimo, del cual fue absuelto.

La voladura del puente de la riera Verneda

A medida que el ejército nacional se acercaba a la frontera con Francia, se hizo imprescindible tomar medidas radicales para entorpecer su avance, para facilitar el éxodo de los que habían decidido exiliarse. Entonces, se procedió a dinamitar puentes y túneles de carreteras y ferrocarriles. Girona fue, especialmente, el territorio con más daños, con casi cuatrocientos puentes destruidos. Entre todos ellos, se contaba el puente del tren de Sant Feliu sobre la riera Verneda, en el término de Cassà de la Selva.

La línea de Sant Feliu contendía un número discreto de obras de fábrica, todas de escasa ambición. El puente sobre la riera Verneda se componía de un tablero metálico de vigas de ánima llena, soportados en los estribos y en un pilar central, también metálico. Por la escasa complejidad de la obra, su reconstrucción después de la guerra hubiera tenido que ser en días, pero las grandes carestías de todo tipo que sufría el país retrasaron la reconstrucción casi un año. Durante este tiempo, los viajeros tenían que bajarse del tren, que se paraba antes del puente, atravesar la riera por una pasadera provisional y subirse a otro tren, que les esperaba en la orilla opuesta.

Estación de Llagostera

La estación de Llagostera y la de Cassà eran las más importantes de la línea, después de las de Sant Feliu y Girona. La estación era un pequeño cosmos que regía el jefe de estación —él vivía allí con su familia— acompañado de factores, capataces y peones. Gestionaban el paso de los trenes, las personas y las mercancías.

Desde principios de los años treinta del siglo xx, el jefe de estación de Llagostera era Joan Mir. Mir, como otros empleados de la compañía, había asumido un compromiso político que le había llevado a representar a Esquerra Republicana de Catalunya en el Ayuntamiento. Durante la Guerra Civil hizo de edil, junto a Jaume Vila Soteras, que fue su alcalde. El declive de la República le llevó al exilio, en 1939. Se estableció cerca de Perpinyà.

En 1966 pidió el pasaporte para poder volver a Llagostera, pero le fue denegado porque los informes de la Guardia Civil lo responsabilizaban de la quema de la iglesia y del asesinato del padre Ramon Carbó. Una acusación, por otro lado, que no tenía ningún fundamento, porque durante la instrucción de la causa general, en 1940, no se había logrado aclarar los responsables del crimen.

Paso a nivel de Penedes

Las tropas franquistas, en su avance hacia Sant Feliu de Guíxols, encontraron que las fuerzas «retardadoras» republicanas habían hecho saltar por los aires el puente de la carretera, en Penedes. Para mantener el avance, el destacamento, que llevaba por nombre Flechas Verdes, progresó por la explanación del ferrocarril, a la cual accedió por el paso a nivel de Penedes, y no la abandonó hasta la Font Picant, junto a Santa Cristina y a la vista de Sant Feliu. Provenían del Vallès, donde habían ocupado Hostalric el día 2 de febrero, y habían tomado Llagostera el día 3. El batallón Flechas Verdes estaba constituido por soldados españoles e italianos, comandados por el coronel Emilio Battisti, y había sido organizado expresamente para la ofensiva de Catalunya. El hecho es que el paso de los vehículos militares pesados dejó en muy mal estado la vía, que tuvo que ser reparada por los trabajadores del tren antes de que pudiera volver a circular, a partir del 16 de febrero de 1939.

Estación de Santa Cristina d’Aro

El matrimonio formado por Joana Calzada y Jaume Purtés vivía en la estación de Santa Cristina d’Aro. Eran, respectivamente, la guardesa del paso a nivel y el jefe de estación. Habían nacido en Sant Feliu de Guíxols a finales del siglo xix y habían entrado en la compañía del ferrocarril, primero él, en 1918, y después ella, en 1927. El ferrocarril pagaba unos sueldos muy bajos, pero para los jefes de estación y para las guardesas les representaba una vivienda gratuita y la posibilidad de disponer de un huerto, un complemento nada despreciable a medida que la crisis económica se agravó en la comarca y, más adelante, por los estragos de la guerra.

Joana Calzada fue la única mujer expedientada y expulsada del ferrocarril, el 17 de diciembre de 1940. Los cargos que se propusieron en su contra se centraban, únicamente, en las opiniones anticlericales que, según parece, regalaba a todos los que las querían escuchar. Pero lo que más pesó en la resolución que tomó la compañía sobre ella fue la significación política de su marido, el jefe de estación Purtés, que había representado a la UGT en el consistorio de Santa Cristina durante la Guerra Civil, y que con la llegada de las tropas de Franco había sido detenido por la Guardia Civil. Y, para que quedara muy claro, en su expediente de depuración se escribió: «apoyó a su marido».

Estación de Sant Feliu de Guíxols (1)

Los trabajadores del ferrocarril de Sant Feliu de Guíxols a Girona fundaron su primer sindicato en 1919. Durante bastantes años, el colectivo laboral se mantuvo voluntariamente al margen de las posiciones maximalistas y negoció con la compañía las mejoras laborales, a medida que la legislación las establecía.

Aun así, no pudo sustraerse al ambiente general y, en 1931, se adscribió en bloque a la anarquista Federación Nacional de Industrias Ferroviarias (FNIF), de tal manera que adoptó la acción directa como método de confrontación con los patrones. El resultado fue una gran tirantez en el marco de una profunda crisis que afectaba al país, y de una manera especial la comarca y, naturalmente, el ferrocarril. Después de los hechos de octubre de 1934, la unidad sindical se resquebrajó y una fracción mayoritaria de trabajadores decidió acudir a los jurados mixtos para negociar con la empresa. Aun así, el choque entre patronal y trabajadores no se paró, sino que aumentó hasta que el 26 de junio de 1936 declararon una huelga de brazos caídos. Al frente del sindicato del ferrocarril estaba, desde 1934, Emili Fontanella. Al final, Fontanella presidiría el comité obrero durante el periodo de colectivización, por lo cual, acabada la Guerra Civil, sería expulsado de la compañía, juzgado en consejo de guerra sumarísimo y condenado a doce años y un día de prisión, a pesar de que, como en el caso de los otros ferroviarios condenados, se le conmutó la pena y pronto consiguió la libertad condicional.

Estación de Sant Feliu de Guíxols (2)

Jaume Lladó ocupó el cargo de ingeniero jefe de la explotación del ferrocarril de Sant Feliu de Guíxols en Girona entre los años 1918 y 1958. Toda una vida. Como tantos otros ingenieros, Lladó manifestaba que prefería la acción a la política. Pero no le fue posible evitarla cuando, además de ejercer la faceta técnica de su cargo, tuvo que defender los intereses de los patrones ante las reclamaciones laborales que les hacían los trabajadores.

Como consecuencia de este papel de oposición y freno a las demandas laborales, los trabajadores lo despidieron de manera fulminante cuando, el 23 de julio de 1936, después de que el alcalde Francesc Campà hubiera proclamado la confiscación del ferrocarril en nombre del Estado, estos asumieron el control de la empresa.

 

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